lunes, 30 de diciembre de 2024

La lucha solitaria contra la muerte



El cuento A la deriva de Horacio Quiroga narra la lucha de un hombre contra la muerte tras ser mordido por una serpiente venenosa. Desde el inicio, se evidencia cómo un hecho aparentemente insignificante, como una mordida, puede desencadenar un proceso fatal. 

El ambiente, por su parte, desempeña un papel crucial en la historia. La selva, el río y el silencio que lo rodean refuerzan la sensación de soledad y vulnerabilidad del protagonista. Aunque cuenta con personas cercanas, como su mujer o su compadre Alves, estas no logran brindarle una ayuda real. Así, cuando el hombre clama por ayuda y solo recibe el eco del silencio, queda claro que enfrenta su destino completamente solo.

Además, el río Paraná, que inicialmente parece una esperanza de salvación, se transforma en un símbolo de indiferencia. Si bien el hombre espera que la corriente lo lleve a un lugar seguro, esta simplemente lo arrastra hacia su inevitable final. Las descripciones del entorno, como “la eterna muralla lúgubre” y “un silencio de muerte”, subrayan la inmensidad y el poder de la naturaleza frente a la fragilidad humana.

Conforme avanza la narración, el hombre experimenta una falsa sensación de alivio. Por un breve momento, cree que está mejor y que el veneno está desapareciendo, lo cual lo lleva a sumergirse en recuerdos del pasado. Sin embargo, esta tranquilidad no es más que una ilusión, ya que su cuerpo sigue deteriorándose. Finalmente, en sus últimos instantes, piensa en cuestiones triviales, hasta que, inevitablemente, “cesó de respirar”.

 

domingo, 29 de diciembre de 2024

La historia de un inmigrante en París


 

Ser inmigrante implica enfrentar una serie de desafíos emocionales, sociales y económicos que ponen a prueba la resiliencia de quienes atraviesan esas fronteras. La adaptación a una nueva cultura, la búsqueda de estabilidad y el sentimiento de desarraigo son solo algunas de las dificultades que conlleva este proceso. El cuento “Clichy: Días de vino y rosas” de Santiago Gamboa nos sumerge en la vida de un inmigrante en París durante los años noventa.

Desde el inicio, el narrador confiesa haber vivido en la precariedad, dependiendo de pequeños trabajos y enfrentando constantes rechazos en su búsqueda de oportunidades. París, en ese tiempo, es retratada como una ciudad hermosa, pero indiferente hacia quienes llegan “por la puerta de servicio”. Este contraste entre la belleza de la ciudad y la dureza de la vida del inmigrante refleja los dilemas emocionales y sociales que enfrentan los nuevos residentes.

Es en este contexto donde aparece Sabrina, de manera fortuita, en la vida del narrador. Su llegada parece tener una finalidad casi salvadora, rompiendo el aislamiento del narrador. Aunque no es especialmente bella, su simpatía y su gesto de mirar a los ojos logran conectar con él y aliviar su soledad. La relación entre ambos comienza de manera sencilla, pero evoluciona rápidamente: de un almuerzo improvisado tras un largo día de trabajo, a una convivencia que se vuelve casi natural. Sabrina no solo le brinda un hogar más estable, sino también el impulso necesario para retomar su sueño de ser escritor. Ella lo introduce al mundo de Henry Miller, quien también vivió en Clichy. Este vínculo literario refuerza la conexión entre los dos personajes y abre una puerta para que el narrador reflexione sobre su propia vida y aspiraciones.

El texto no se limita a explorar la relación entre el narrador y Sabrina, sino que establece un paralelismo con Miller y Anaïs Nin. Al igual que ellos vivieron una relación apasionada en un París contradictorio, el narrador encuentra en Sabrina una experiencia similar. Las dificultades de Miller, así como su conexión con Anaïs, se entrelazan con las vivencias del narrador, quien, a pesar de sus limitaciones, recibe en Sabrina apoyo emocional. Sin embargo, aunque la relación no perdura, deja una huella significativa en el narrador.


sábado, 28 de diciembre de 2024

Encuentros inesperados


 

El cuento “Dos viejos” de Juan José Morosoli nos habla de la amistad que surge entre dos hombres mayores, Llanes y un “viejito”, quienes se encuentran por casualidad en una oficina de pagos para jubilados. A partir de ese encuentro, el relato nos muestra cómo, pese a sus diferencias de carácter, comienzan a compartir sus vidas y a llenar vacíos emocionales que ambos llevan consigo.

La historia inicia cuando el “viejito” ayuda a Llanes a llenar un formulario. Esto marca el inicio de una relación en la que Llanes, un hombre sencillo, fuerte y directo, abre su mundo al “viejito”, quien parece más frágil y acostumbrado a una vida solitaria y rutinaria. La narración resalta las personalidades opuestas: Llanes es práctico y rústico, mientras que el “viejito” es reflexivo y ordenado. Sin embargo, la compañía del otro les brinda algo que ninguno sabía que necesitaba: un amigo.

Hay momentos de gran humanidad en la historia. Por ejemplo, el “viejito” describe su rutina solitaria, marcada por la espera y el vacío. Llanes, en cambio, no puede entender esa manera de vivir sin actuar o buscar algo diferente. Este diálogo muestra el contraste entre un hombre que sigue adelante sin preocuparse demasiado por el pasado y otro que parece atrapado en su monotonía: “Espero la hora de almorzar... Salgo y entro y salgo otra vez... Doy vuelta la manzana y vuelvo... Me siento aquí y espero. Calculo que son las doce y son las diez... Las doce demoran mucho en venir... A esto, Llanes responde con su lógica simple pero contundente: “¡Pues! Un tullido está tullido. Pero usted puede andar. Irse. Hacer algo. Usted no está atado ni enfermo, ni preso, ni yo qué sé qué es lo que le pasa!”.

Cuando Llanes invita al “viejito” a vivir con él, parece ofrecerle no solo un hogar, sino una nueva forma de entender la vida, lejos de la pasividad. En su rancho, Llanes le muestra un mundo más activo y lleno de sentido práctico. Poco a poco, el “viejito” encuentra un espacio donde puede ser útil, como cuando lee el diario en voz alta para Llanes, algo que éste valora profundamente.

La historia también explora temas como el pasado de Llanes, quien admite haber tenido hijos y haber estado preso por un homicidio. Sin embargo, Llanes no carga culpas ni resentimientos; para él, el pasado queda atrás y punto. Esto impresiona al “viejito”, quien ve en Llanes una fortaleza y una libertad emocional que él mismo no posee.

Hacia el final, el “viejito” expresa admiración por Llanes al verlo nadar en el arroyo: “¡Pero qué hombre es usted Llanes!”. Pero Llanes, incómodo con la alabanza, responde de manera humilde:
Déjese de bobadas —dijo. Y luego—: Decirme eso a mí que no sé leer!... ¡Cállese!”.



viernes, 27 de diciembre de 2024

Un rayo de esperanza en la oscuridad


 

La hipocresía de quienes profesan valores espirituales pero no los aplican en su trato con el prójimo constituye uno de los temas centrales del cuento “La sombra” de Pío Baroja. En este relato, la protagonista, una mujer que, tras salir del hospital, regresa a su vida como prostituta, es presentada desde el inicio como un símbolo de sufrimiento. Así lo demuestra la frase: “En su rostro, todas las miserias; en su corazón, todas las ignominias”, que, al repetirse a lo largo de la narración, refuerza la idea de una existencia marcada por el desprecio y las humillaciones.

El cuento transcurre durante una procesión religiosa caracterizada por su lujo y solemnidad, donde predominan mantos bordados en oro, cruces de plata y uniformes brillantes. Sin embargo, este escenario opulento contrasta de manera evidente con la pobreza y la tristeza de la mujer, subrayando la hipocresía de una sociedad que celebra grandes ritos mientras ignora y maltrata a los más vulnerables. Esta falta de compasión se manifiesta claramente cuando algunos hombres insultan a la mujer y los niños la persiguen, evidenciando la desconexión entre los ideales espirituales y las acciones de quienes dicen practicarlos.

La aparición de una sombra blanca y majestuosa al final del relato introduce un símbolo de redención y pureza. Esta sombra, en lugar de centrarse en los sacerdotes o en los grandes de la procesión, se acerca a la mujer y, en un gesto profundamente humano, la consuela y le otorga un beso en la frente, devolviéndole su dignidad y su valor como ser humano.



jueves, 26 de diciembre de 2024

Pausas en el camino


 

Vivimos inmersos en un sistema capitalista que nos empuja constantemente hacia la productividad, el consumo y la competencia. En este entorno acelerado, la presión por alcanzar metas materiales y el afán de éxito nos impiden detenernos a reflexionar sobre nuestras verdaderas necesidades y el impacto de nuestras acciones. Este ritmo desenfrenado, por lo tanto, nos priva de la oportunidad de pensar por un momento sobre el sentido de lo que hacemos. En este contexto, el poema “Quédate callado” de Alfonso Reyes se presenta como una reflexión sobre la importancia del silencio y la soledad para encontrar lo importante de la vida.

Desde el inicio, con el verso “Quédate callado y solo: / casi todo sobra y huelga”, el autor nos señala que el ruido y las distracciones muchas veces nos alejan de lo que realmente importa, y señala que lo más valioso no necesita adornos ni explicaciones; simplemente existe, tal como es: “De la rama el fruto cuelga / y la rosa del peciolo”.

Asimismo, cuando menciona “lo que cantas dormido / es tu canción verdadera”, el poema nos recuerda que, en la tranquilidad y en el silencio, surge nuestra verdadera esencia, libre de máscaras y distorsiones externas. Es en esos momentos de calma donde podemos mostrarnos tal como somos, sin las presiones del entorno.

El poeta también reflexiona sobre el tiempo y lo irrecuperable de nuestras decisiones: “Ningún gasto se recobra, / ni vale el oro cambiado / la moneda que has pagado”. Con estas palabras, nos recuerda que el tiempo que gastamos o perdemos no se puede recuperar, y que nuestras vivencias tienen un costo que no se puede medir en bienes materiales. Todo esto está marcado por la fugacidad de la vida, como sugiere en “lo debes al panteón”, recordándonos que todos compartimos un destino final.

Finalmente, cuando escribe “Que a hurtos da el corazón / los latidos que aprovecha”, Reyes nos muestra que el corazón sigue latiendo casi sin que lo notemos, dándonos vida momento a momento. Cada latido es un regalo que debemos aprovechar de la mejor manera.



miércoles, 25 de diciembre de 2024

De lo humano a lo eterno


 

El relato breve “El entierro de Henri Christophe” de Alejo Carpentier, inicia con un acto que mezcla lo ritual y lo violento: “De una cuchillada cercenó uno de sus dedos meñiques, entregándolo a la reina, que lo guardó en el escote, sintiendo cómo descendía hasta su vientre, con fría retorcedura de gusano”. Aquí, el corte del dedo convierte una parte del cuerpo del rey en una reliquia. Sin embargo, también se refleja la fragilidad de lo humano, ya que el dedo es comparado con un gusano, una imagen que remite tanto a la vida como a la descomposición que sigue a la muerte.

El proceso de sepultura de Christophe es narrado de manera detallada, evidenciando su transformación, en parte de la fortaleza: “Los pajes colocaron el cadáver sobre el montón de argamasa, en el que empezó a hundirse lentamente, de espaldas, como halado por manos viscosas”. La argamasa, el material que da forma a la fortaleza, se convierte aquí en el medio que absorbe el cuerpo del rey. A medida que desaparecen partes de su cuerpo, como el vientre y los muslos, su figura física va siendo consumida por la construcción.

El gobernador, al observar que el rostro del rey aún sobresalía, interviene: “Temiendo que el mortero se endureciera sin haber sorbido totalmente la cabeza, el gobernador apoyó su mano en la frente del rey, para hundirla más pronto, con gesto de quien toma la temperatura a un enfermo”. Este gesto, asegura que su cuerpo quede completamente fusionado con la argamasa.

La culminación del relato señala la trascendencia de Henri Christophe: “Después de haber escogido su propia muerte, Henri Christophe ignoraría la podredumbre de su carne confundida con la materia misma de la fortaleza, inscrita dentro de su arquitectura”. Al integrarse con la fortaleza, Christophe evita la descomposición común de un cadáver. En lugar de eso, su cuerpo se convierte en parte de la piedra, quedando inscrito en la arquitectura como una imagen perenne de su reinado.



lunes, 23 de diciembre de 2024

El profundo anhelo de libertad


 

Históricamente, las mujeres han logrado importantes avances en su lucha por la igualdad y el reconocimiento de sus derechos. Sin embargo, aún enfrentan varios desafíos, como la violencia de género, la discriminación laboral y los estereotipos sociales que limitan su libertad. El poema “Autodefinición”, escrito por Teresa Wilms Montt, refleja la sensibilidad, el sufrimiento y las ansias de emancipación, aspectos que también caracterizan las luchas femeninas de hoy. En esta ocasión, exploraremos cómo sus versos expresan un profundo anhelo de libertad y un cuestionamiento al orden patriarcal de su época.

Desde el comienzo, el poema establece una conexión entre la autora y el lector: “Soy Teresa Wilms Montt / y aunque nací cien años antes que tú, / mi vida no fue tan distinta a la tuya. / Yo también tuve el privilegio de ser mujer. / Es difícil ser mujer en este mundo”. Al referirse al “privilegio de ser mujer”, en un contexto histórico oscuro, pone en evidencia las contradicciones de un sistema que, al mismo tiempo, oprime y exalta a las mujeres.

Más adelante, la autora expresa con firmeza: “Trataron de reprimirme, pero no pudieron conmigo. / Cuando me dieron la espalda, yo di la cara. / Cuando me dejaron sola, di compañía". Estos versos ilustran una actitud combativa ante las adversidades.

Y la voz poética, continua: “Cuando quisieron matarme, di vida. /Cuando quisieron encerrarme, busqué libertad. / Cuando me amaban sin amor, yo di más amor”. Este fragmento resalta la capacidad de la autora para reafirmar su autonomía, donde cada acción negativa es contrarrestada por una respuesta afirmativa.

Finalmente, en el verso “Fui crucificada, muerta y sepultada, por mi familia y la sociedad. /Nací cien años antes que tú, / sin embargo te veo igual a mí", Wilms Montt denuncia las injusticias de su tiempo y subraya la continuidad de estas luchas en el presente. La alusión a la crucifixión evoca una imagen de sacrificio y sufrimiento, mientras que la afirmación de igualdad entre ella y el lector, refuerza la universalidad de su mensaje.



domingo, 22 de diciembre de 2024

La presencia eterna de Juan Ramón Jiménez


 

Juan Ramón Jiménez fue un poeta muy especial, no solo por lo que decía, sino también por cómo lo decía. Su manera particular de escribir consistía, en ocasiones, en no seguir las reglas de ortografía al pie de la letra. Para él, las palabras no eran simples letras y sonidos, sino herramientas para expresar emociones profundas y auténticas.

En el poema “El viaje definitivo”, Juan Ramón Jiménez plantea el tema de la muerte, aunque lo hace de una manera tranquila y sin angustia. Inicialmente, el poeta deja claro lo que va a suceder: “Y yo me iré. / Y se quedarán los pájaros cantando; / y se quedará mi huerto, con su verde árbol, / y con su pozo blanco”. Aquí, la imagen resulta significativa, pues mientras él se va, la vida continúa su curso.

Por otro lado, Jiménez menciona su huerto, el árbol verde y el pozo blanco, para representar su espacio personal y su hogar. Con estas imágenes, el poeta construye un paisaje lleno de calma y vida, que seguirá existiendo, incluso cuando él ya no esté.

Más adelante, en versos como: “Se morirán aquellos que me amaron; / y el pueblo se hará nuevo cada año; / y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado, / mi espíritu errará nostáljico…”, el autor reflexiona sobre la memoria. A pesar de que tanto él como sus seres queridos dejarán de existir, su espíritu permanecerá en ese rincón del huerto, el cual se convierte en un símbolo de su presencia eterna.

Hacia el final del poema, Juan Ramón Jiménez retoma la idea de la soledad que trae consigo la muerte: “Y yo me iré; / y estaré solo, sin hogar, sin árbol verde, sin pozo blanco, / sin cielo azul y plácido…”. Aquí, la repetición del término “sin” enfatiza la pérdida de todo aquello que le daba sentido a su vida. No obstante, el poema concluye con un retorno a la imagen inicial: “Y se quedarán los pájaros cantando”.


sábado, 21 de diciembre de 2024

La soledad de la muerte


 Gustavo Adolfo Bécquer, en su poema “Rima LXXIII”, reflexiona sobre la muerte y, en particular, sobre la soledad que la acompaña. Desde el inicio, el poeta nos sumerge en la escena de un velorio: los ojos del fallecido se cierran, su rostro es cubierto con un lienzo, y los presentes, entre lágrimas o en silencio, abandonan lentamente la habitación. Bécquer describe:“Cerraron sus ojos / que aún tenía abiertos, / taparon su cara / con un blanco lienzo, / y unos sollozando, / otros en silencio, / de la triste alcoba / todos se salieron”.

En este punto, la escena refleja un claro contraste entre la vida que continúa afuera y el abandono silencioso del cuerpo en el lecho de muerte. El poeta, testigo del momento, lanza un pensamiento que resuena como un eco a lo largo del poema:¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!”

Esta frase, repetida casi como una súplica, no solo refleja la ausencia de los vivos alrededor del cuerpo, sino que también revela la tristeza y el desconcierto que produce imaginar la muerte como un aislamiento total, tanto físico como espiritual.

Más adelante, en la segunda parte del poema, Bécquer detalla el traslado del cuerpo al templo. Allí, el féretro queda rodeado de velas y paños negros. Inicialmente, la capilla está llena de rezos y murmullos, pero poco a poco el lugar queda completamente vacío, sumido en un silencio sepulcral. El ambiente oscuro y frío intensifica la sensación de abandono:“De un reloj se oía / compasado el péndulo, / y de algunos cirios / el chisporroteo”.

A continuación, el poeta nos lleva al momento del entierro. La piqueta del sepulturero, que abre y sella el nicho, simboliza la rutina y la indiferencia. Mientras el difunto queda olvidado bajo tierra, el sepulturero se aleja, cantando entre dientes, como si la muerte fuera un simple trámite más:“La piqueta al hombro / el sepulturero, / cantando entre dientes, / se perdió a lo lejos.”

Finalmente, Bécquer recuerda a la persona fallecida durante las frías noches de invierno. La imagina sufriendo el frío dentro del nicho, abandonada y expuesta a la indiferencia del tiempo y de la naturaleza. Este pensamiento angustiante lleva al poeta a plantearse preguntas existenciales sobre el destino del alma y el significado de la muerte:“¿Vuelve el polvo al polvo? / ¿Vuela el alma al cielo? / ¿Todo es sin espíritu, / podredumbre y cieno?”

En este punto, Bécquer no ofrece respuestas definitivas. Por el contrario, deja en el lector la inquietud de lo inexplicable: el abandono, la soledad y el misterio insondable que rodea a la muerte.




viernes, 20 de diciembre de 2024

La hipocrecía del aplauso


 

En la actualidad, vivimos en un mundo donde las apariencias suelen ser más importantes que la autenticidad. Esto se evidencia en canciones como “Plástico”, de Willie Colón y Rubén Blades, cuya letra critica una sociedad que valora más lo superficial que lo esencial. De manera similar, esta problemática se refleja en el cuento “El concierto” de Augusto Monterroso, que plantea temas como las relaciones familiares, las expectativas sociales y la falta de sinceridad en el reconocimiento artístico.

El cuento, narrado desde la perspectiva de un padre que asiste al recital de piano de su hija, muestra su lucha interna entre el deber de apoyarla y su desconexión con el mundo del arte. Desde el inicio, el narrador admite que no le interesa el arte: “Nunca he sido un amante del arte. Si a mi hija no se le hubiera ocurrido ser pianista, yo no tendría ahora este problema”. Aunque reconoce que la música es hermosa, confiesa que no le importa y le aburre. En cambio, su verdadero interés está en el mundo de los negocios, donde se siente seguro y realizado, mientras que el arte le resulta extraño y vacío.

Además, la relación con su hija está llena de contradicciones. Aunque la acompaña en su carrera artística, también siente resentimiento hacia ella: “Si no fuera porque es mi hija, confesaría que la odio”. Este sentimiento, por un lado, surge de la presión de apoyarla y, por otro, de la incertidumbre sobre si el talento de su hija es genuino o simplemente un reflejo de su poder como empresario: “Jamás podemos saber con certeza, ni ella ni yo, lo que en realidad es, lo que efectivamente vale”.

Por otro lado, el cuento también critica la hipocresía que rodea al mundo del arte y, en general, a las relaciones sociales. Los amigos del narrador aplauden no por verdadera admiración, sino por temor a desagradar: “Mis amigos más cercanos han aprendido que la frialdad en el aplauso es peligrosa y puede arruinarlo”. Incluso los críticos de música son retratados como oportunistas, capaces de oscilar entre la adulación y la crítica, según sus intereses.

A pesar del esfuerzo y talento de la hija, ella no encuentra consuelo ni en los aplausos ni en las críticas positivas. Su inseguridad la consume, llevándola a llorar incluso después de recibir elogios: “Finalmente, terminará llorando con un llanto desconsolado e infinito”.

En este contexto, el narrador, a pesar de su poder en el mundo de los negocios, se siente completamente incapaz de ofrecerle a su hija el apoyo emocional que necesita: “Con todo mi poder, soy incapaz de hacerla pensar que verdaderamente es una buena pianista”. Esto resalta el contraste entre el éxito material y la incapacidad de resolver conflictos personales.

Finalmente, mientras la música comienza, el narrador se resigna a participar nuevamente en esta cadena de falsedades: "Pronto sus dedos largos y armoniosos se deslizarán sobre el teclado, la sala se llenará de música, y yo estaré sufriendo una vez más".


jueves, 19 de diciembre de 2024

La voz del silencio

 



Disfruto de estar en mi monasterio, que no es otro lugar que mi propia casa. Aquí, acompañado por el silencio, siento una paz única que me permite reflexionar, encontrar claridad y reconectar conmigo mismo. Es en esta quietud donde me acerco al poema “Al silencio” del poeta chileno Gonzalo Rojas.

En el poema, Rojas describe el silencio como algo que trasciende lo físico y lo humano. Lo compara con el mar, el cielo y la belleza, pero afirma que ni siquiera estas grandezas son suficientes para contenerlo: “todo el hueco del mar no bastaría, / todo el hueco del cielo, / toda la cavidad de la hermosura / no bastaría para contenerte”. Con esto, el poeta nos invita a ver el silencio como una presencia infinita que desborda los límites del mundo.

Además, el poema presenta al silencio como eterno y omnipresente. Aunque todo el mundo se hundiera o los humanos dejaran de hablar, el silencio seguiría ahí: “oh majestad, tú nunca, / tú nunca cesarías de estar en todas partes”. Con estas palabras, Rojas eleva el silencio a una categoría casi divina, destacando su independencia de cualquier circunstancia o catástrofe. Es algo que simplemente está, más allá de todo.

En los últimos versos, el poeta da un giro personal y profundo, relacionando el silencio con la figura de un Dios cercano y un padre protector: “porque estás y no estás, y casi eres mi Dios, / y casi eres mi padre cuando estoy más oscuro”. Aquí, el silencio se convierte en un refugio, un guía en los momentos de mayor oscuridad interior. Es una fuerza que, aunque no siempre se comprende, está presente para sostenernos.


miércoles, 18 de diciembre de 2024

Una compañía inesperada


 

Las personas que viven en condiciones de pobreza suelen ser olvidadas y marginadas. La falta de oportunidades, la soledad y el desprecio de los demás las condenan al olvido, como si no existieran. Esto refleja una triste tendencia humana: dividir y excluir. Aunque no es un problema nuevo, el cuento “La mata” de Tomás Carrasquilla nos narra la historia de María Engracia, una mujer que vive en la miseria y el abandono, pero que encuentra consuelo y esperanza en una planta.

Desde el principio, el cuento nos muestra la soledad de la protagonista: “Vivía sola, completamente sola, en un cuarto estrecho y sombrío de cabo de barrio”. La repetición de “sola” deja claro lo aislada que está. María Engracia, que en su juventud fue hermosa y tuvo admiradores, ahora sufre el desprecio y el olvido: “De aquella hermosura soberana, que vio a sus plantas tantos adoradores, no le quedaba ni un celaje”. Además de la pobreza, enfrenta el hambre y la tristeza de no tener a nadie con quien compartir su vida: “Esta necesidad de un ser a quién amar, con quién compartir la negra existencia; esta soledad de la vejez, no podía, no era capaz de arrostrarla".

Su vida cambia cuando encuentra una planta que alguien dejó abandonada en la calle: “Tomó ella la raíz, sembróla en un cacharro desfondado y lo puso en un rincón, junto a la entrada”. Cuidar de esa planta se convierte en su única alegría: “Regarla, quitarle las hojas secas, ponerle abono, era su dicha; una dicha muy grande y muy extraña”. Para ella, la planta es más que un ser vivo: es compañía y esperanza.

Poco a poco, su relación con la mata la transforma. Su cuarto, que antes era oscuro y sucio, comienza a verse ordenado y limpio: “Su mata la iba volviendo al trato con las gentes; le iba dando nombre. Ya no se sentía tan despreciada ni tan abatida”. Incluso las personas del barrio empiezan a visitarla solo para ver la belleza de la planta. María Engracia también recupera su fe, sintiendo que todo es un milagro: “Todo era un milagro, un milagro que le hacía nuestro Padre Jesús de Monserrate, por medio de la mata”.

Sin embargo, su felicidad no dura mucho. El dueño del cuarto, que no entiende lo importante que es la planta para ella, la destruye sin piedad: “Arremete a bastonazos contra cacharro, flores y follaje. Tira todo a la calle y hace sacar los muebles enseguida”. Esta pérdida es demasiado para María Engracia. La llevan al hospital, y en sus últimos momentos, en medio del delirio, ve su planta como un símbolo de entrada al cielo: “Ve su mata frente a su cama, como el arco de triunfo para entrar al paraíso”.

Finalmente, muere tranquila, creyendo en la misericordia de Dios.

martes, 17 de diciembre de 2024

Un brindis por la poesía


 

Lord Byron fue uno de los poetas más importantes del romanticismo, conocido por su espíritu rebelde y apasionado. Sus versos, llenos de fuerza, han influenciado a muchos escritores que, como él, reflexionan sobre la vida, la tristeza y la muerte. Además, Byron no solo escribió poesía, sino que también se convirtió en un símbolo de libertad y de la búsqueda por dejar huella en el mundo a través de las palabras.

Por esta razón, en el poema “Byron, Lord del poeta peruano Luis Guillermo Hernández Camarero, esa influencia se siente con fuerza. De hecho, el autor le habla a Byron como si fuera un amigo cercano, alguien con quien comparte las mismas preocupaciones y la misma visión de la vida. Desde el principio, el tono del poema es personal: “Qué te diré; sinvergüenza / Compañero, yo también / Oculté mi tristeza”. Aquí, el poeta reconoce que, al igual que Byron, ha ocultado su tristeza. La palabra “compañero” nos muestra que la poesía puede conectar a dos personas, incluso si vivieron en épocas diferentes.

Más adelante, el autor menciona, con complicidad y admiración: “Sabemos cómo te plagio, Lord”. En este caso, no se trata de un plagio literal, sino de reconocer que Byron es una fuente de inspiración. Por lo tanto, muchos escritores, como Hernández Camarero, toman algo del espíritu de Byron para enfrentar sus propios pensamientos y sentimientos a través de la poesía.

Por otro lado, el poema también reflexiona sobre la muerte, tema central en la obra de Byron. Hernández Camarero escribe: “Que hemos nacido / Para el morir”. Con estas palabras, el autor recuerda algo que todos sabemos pero que, a veces, olvidamos: nacemos sabiendo que algún día vamos a morir. En este sentido, surge una pregunta importante: “¿La venceremos, Byron?”. Esta pregunta no tiene una respuesta clara; sin embargo, nos lleva a pensar en cómo podemos dejar algo que nos haga sentir vivos incluso después de morir.

Finalmente, la respuesta del poema llega al cierre: “Yo creo que mejor / Bebemos por la Poesía”. Aquí, la poesía aparece como una celebración de la vida y como una forma de vencer a la muerte. Lo que se escribe permanece, las palabras sobreviven al paso del tiempo, y por eso, los poetas como Byron nunca desaparecen.




lunes, 16 de diciembre de 2024

La fractura humana en la lógica de poseer


 

En el sistema capitalista actual, el afán por adquirir bienes materiales y acumular capital consume, con frecuencia, la esencia misma de la humanidad. En este sentido, la lógica del consumo y la propiedad transforma a las personas en guardianes de lo propio, promoviendo la separación entre individuos y fomentando la desconfianza, el egoísmo y la competitividad. En este contexto, Rafael Barrett, en su texto Gallinas, expone cómo la obsesión por poseer destruye la tranquilidad y transforma las relaciones humanas en fuentes constantes de conflicto.

Para ilustrar esta idea, el texto relata la experiencia del narrador, quien inicialmente era feliz con solo un catre y unos libros. Sin embargo, esa paz se quiebra cuando adquiere unas gallinas. Desde ese momento, con el objetivo de protegerlas, comienza a construir barreras tanto físicas como emocionales: ata a las aves, refuerza el cerco de su patio y, al mismo tiempo, divide el mundo entre “yo, dueño de mis gallinas” y “los demás, posibles ladrones”. En consecuencia, este afán por proteger lo propio lo lleva a percibir a los otros como amenazas, lo que convierte una situación aparentemente sencilla en una cadena de conflictos y resentimientos.

Además, la situación se complica aún más con la intervención de su vecino, cuyo gallo y pollos cruzan el cerco. Este hecho desata disputas por los huevos, enfrentamientos por los animales y, finalmente, una escalada de violencia que culmina con la muerte de un pollo ajeno. Como resultado, el narrador se convierte en objeto de rechazo social. Paralelamente, a medida que el conflicto crece, también lo hace su paranoia: el cerco, que inicialmente parecía suficiente, ya no basta, por lo que considera necesario aumentar la vigilancia y adquirir un arma. En su obsesión por proteger lo suyo, el narrador llega a una conclusión desgarradora: ha perdido su humanidad. Así lo expresa con contundencia: “Antes era un hombre. Ahora soy un propietario”.

En efecto, Barrett utiliza esta historia sencilla como una crítica a la lógica de la propiedad. De hecho, el cerco que construye el narrador no solo lo separa físicamente de los demás, sino que simboliza las barreras emocionales y sociales impuestas por la premura de poseer. Al final, lo que buscaba para mejorar su vida termina llevándolo a la paranoia y el odio, convirtiendo su existencia en un verdadero campo de batalla.

domingo, 15 de diciembre de 2024

El sacrificio del exilio


La pérdida de lo familiar, la tierra natal, y los momentos más significativos de la vida son temas universales que resuenan en muchos de nosotros, especialmente cuando estamos frente a decisiones que requieren renunciar a partes de lo que amamos. El poema “Lo que dejé por ti” del poeta español Rafael Alberti es un lamento lleno de nostalgia, donde el poeta reflexiona sobre todo lo que sacrificó por Roma, una ciudad que representa un refugio para preservar su integridad. A lo largo del poema, Alberti enumera las pérdidas que sufrió, dejando entrever el dolor de la separación y la búsqueda de un sentido en medio del desarraigo.

En los primeros versos, el poeta comienza describiendo lo que abandonó: “Dejé por ti mis bosques, mi perdida / arboleda, mis perros desvelados”. Estas imágenes evocan la conexión con su tierra natal, sus raíces y su entorno más querido. También menciona que dejó atrás los mejores años de su vida: “mis capitales años desterrados / hasta casi el invierno de la vida”. Aquí se refleja el peso del exilio, que lo alejó de su hogar y de los momentos más importantes de su existencia.

En la segunda parte del poema, Alberti profundiza en las emociones que lo marcaron al irse: “Dejé un temblor, dejé una sacudida, / un resplandor de fuegos no apagados”. Estas palabras muestran que dejó atrás un pasado lleno de pasión y energía, un tiempo que sigue vivo en su memoria. La despedida se presenta como un momento de gran sufrimiento, expresado con fuerza en: “dejé mi sombra en los desesperados / ojos sangrantes de la despedida”. Esto transmite el dolor tanto del poeta como de quienes lo vieron partir.

En los últimos versos, el poeta menciona las experiencias y paisajes que también quedaron atrás: “Dejé palomas tristes junto a un río, / caballos sobre el sol de las arenas, / dejé de oler la mar, dejé de verte” Estas imágenes refuerzan la tristeza de perder lo familiar y lo amado.

El poema concluye con una petición a Roma: “Dame tú, Roma, a cambio de mis penas, / tanto como dejé para tenerte”. En este momento, Roma se presenta como un ideal que requirió grandes sacrificios. Después de enumerar todo lo que dejó atrás, el poeta solicita una recompensa que mitigue su dolor, ya sea en forma de consuelo o de un nuevo significado. 

 

15 de diciembre de 1973: El día en que la homosexualidad dejó de ser una enfermedad

 


El discurso tiene un gran poder para influir en cómo vemos el mundo, ya que puede crear ideas, cambiar opiniones y justificar prácticas. Durante mucho tiempo, la medicina usó su autoridad para definir qué era “normal” o “anormal”, afectando cómo se entendían muchos aspectos de la vida. En ese contexto, la homosexualidad fue vista como una enfermedad, lo que ayudó a mantener prejuicios, discriminación y tratamientos dañinos.

Antes de ser considerada una enfermedad, la homosexualidad era vista como algo inmoral o incluso como un delito. Con el surgimiento de la psiquiatría en el siglo XIX, esta idea se transformó y se empezó a describir como un problema mental, algo que debía ser corregido. Este cambio, lejos de ayudar, permitió que se aplicaran tratamientos crueles como terapias de conversión, electroshocks e incluso cirugías cerebrales. En 1952, la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) incluyó la homosexualidad en su Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM), reforzando la idea de que ser heterosexual era lo “normal” y que todo lo demás estaba “mal”.

Sin embargo, tras años de debates y presión, el 15 de diciembre de 1973, la APA anunció que eliminaría la homosexualidad de su lista de trastornos mentales. Esto fue un paso muy importante, porque reconocía que la homosexualidad no era algo que se debía tratar ni curar, sino una forma natural de vivir la sexualidad.

A pesar de estos importantes avances, aún existen lugares donde persisten creencias erróneas y prácticas perjudiciales. La decisión de dejar de considerar la homosexualidad como una enfermedad nos enseña que las ideas pueden evolucionar para promover un mundo más equitativo y respetuoso con la diversidad. Este cambio evidencia que, aunque los discursos pueden ser un arma para causar daños, también tienen el potencial de transformar positivamente la sociedad.


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viernes, 13 de diciembre de 2024

Un canto al despojo: la esencia efímera del ser


El poema “Canto” de la escritora argentina Silvina Ocampo nos habla sobre la identidad, el despojo y la fugacidad de la existencia. Desde el inicio, la voz poética establece un sentimiento de desposesión: “¡Ah, nada, nada, es mío! / ni el tono de mi voz, ni mis ausentes manos”. Esta afirmación deja claro que el yo no tiene control ni propiedad sobre lo que parece pertenecerle.

Este sentimiento de desposesión se profundiza cuando la autora se compara con elementos como los reflejos o los ecos, símbolos de algo que solo existe en relación con otro: “Soy como los reflejos de un lago tenebroso / o el eco de las voces en el fondo de un pozo”. De esta manera, se refuerza la idea de que nuestra identidad no es autónoma, sino que se construye a partir de las experiencias, las personas y los lugares con los que interactuamos.

En esta línea de pensamiento, la noción de cambio y transformación atraviesa todo el poema. El yo poético se describe como algo que, al igual que el agua o el cristal, puede adoptar múltiples formas: “como el agua o el cristal / que se transforma en cualquier cosa, / en humo, en espiral, / en edificio, en pez, en piedra, en rosa”. Esta plasticidad de la identidad muestra que no somos una esencia fija, sino seres en constante evolución.

Asimismo, el poema plantea cómo la memoria y las emociones construyen lo que somos. La voz poética se define por los lugares que ha amado, las personas que ha detestado e incluso por los aromas que dejaron una huella imborrable: “Soy todos los lugares que en mi vida he amado. / Soy la mujer que más he detestado, / y ese perfume que me hirió una noche / con los decretos de un destino incierto”. Aquí, la identidad aparece como un collage de vivencias y sentimientos que, aunque efímeros, dejan marcas indelebles en el ser.

En este punto, se hace evidente que el despojo también implica aceptar la fugacidad de la vida y de todo lo que parece ser parte de nuestra existencia: “Soy todo lo que ya he perdido. / Mas todo es inasible como el viento y el río, / como las flores de oro en los veranos / que mueren en las manos”. Estas imágenes refuerzan cómo lo que tocamos o vivimos, por más hermoso que sea, es temporal y se desvanece con el tiempo. La pérdida, entonces, no solo es inevitable, sino también constitutiva del ser.

Hacia el final, la autora subraya que todo lo vivido—lo hermoso, lo doloroso e incluso las palabras del poema—son cosas que no puede retener ni hacer completamente suyas. En la línea “ni las palabras de mi canto”, nos recuerda que incluso su creación, sus palabras, escapa de su control.


Tiempos difíciles

  El poema “Todas las preguntas tienen respuesta” , de Armando Alanís Pulido, es un reflejo de nuestra realidad actual lleno de dudas, críti...