La hipocresía de quienes profesan valores espirituales pero no los aplican en su trato con el prójimo constituye uno de los temas centrales del cuento “La sombra” de Pío Baroja. En este relato, la protagonista, una mujer que, tras salir del hospital, regresa a su vida como prostituta, es presentada desde el inicio como un símbolo de sufrimiento. Así lo demuestra la frase: “En su rostro, todas las miserias; en su corazón, todas las ignominias”, que, al repetirse a lo largo de la narración, refuerza la idea de una existencia marcada por el desprecio y las humillaciones.
El cuento transcurre durante una procesión religiosa caracterizada por su lujo y solemnidad, donde predominan mantos bordados en oro, cruces de plata y uniformes brillantes. Sin embargo, este escenario opulento contrasta de manera evidente con la pobreza y la tristeza de la mujer, subrayando la hipocresía de una sociedad que celebra grandes ritos mientras ignora y maltrata a los más vulnerables. Esta falta de compasión se manifiesta claramente cuando algunos hombres insultan a la mujer y los niños la persiguen, evidenciando la desconexión entre los ideales espirituales y las acciones de quienes dicen practicarlos.
La aparición de una sombra blanca y majestuosa al final del relato introduce un símbolo de redención y pureza. Esta sombra, en lugar de centrarse en los sacerdotes o en los grandes de la procesión, se acerca a la mujer y, en un gesto profundamente humano, la consuela y le otorga un beso en la frente, devolviéndole su dignidad y su valor como ser humano.
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