Juan Ramón Jiménez fue un poeta muy especial, no solo por lo que decía, sino también por cómo lo decía. Su manera particular de escribir consistía, en ocasiones, en no seguir las reglas de ortografía al pie de la letra. Para él, las palabras no eran simples letras y sonidos, sino herramientas para expresar emociones profundas y auténticas.
En el poema “El viaje definitivo”, Juan Ramón Jiménez plantea el tema de la muerte, aunque lo hace de una manera tranquila y sin angustia. Inicialmente, el poeta deja claro lo que va a suceder: “Y yo me iré. / Y se quedarán los pájaros cantando; / y se quedará mi huerto, con su verde árbol, / y con su pozo blanco”. Aquí, la imagen resulta significativa, pues mientras él se va, la vida continúa su curso.
Por otro lado, Jiménez menciona su huerto, el árbol verde y el pozo blanco, para representar su espacio personal y su hogar. Con estas imágenes, el poeta construye un paisaje lleno de calma y vida, que seguirá existiendo, incluso cuando él ya no esté.
Más adelante, en versos como: “Se morirán aquellos que me amaron; / y el pueblo se hará nuevo cada año; / y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado, / mi espíritu errará nostáljico…”, el autor reflexiona sobre la memoria. A pesar de que tanto él como sus seres queridos dejarán de existir, su espíritu permanecerá en ese rincón del huerto, el cual se convierte en un símbolo de su presencia eterna.
Hacia el final del poema, Juan Ramón Jiménez retoma la idea de la soledad que trae consigo la muerte: “Y yo me iré; / y estaré solo, sin hogar, sin árbol verde, sin pozo blanco, / sin cielo azul y plácido…”. Aquí, la repetición del término “sin” enfatiza la pérdida de todo aquello que le daba sentido a su vida. No obstante, el poema concluye con un retorno a la imagen inicial: “Y se quedarán los pájaros cantando”.

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