jueves, 19 de diciembre de 2024

La voz del silencio

 



Disfruto de estar en mi monasterio, que no es otro lugar que mi propia casa. Aquí, acompañado por el silencio, siento una paz única que me permite reflexionar, encontrar claridad y reconectar conmigo mismo. Es en esta quietud donde me acerco al poema “Al silencio” del poeta chileno Gonzalo Rojas.

En el poema, Rojas describe el silencio como algo que trasciende lo físico y lo humano. Lo compara con el mar, el cielo y la belleza, pero afirma que ni siquiera estas grandezas son suficientes para contenerlo: “todo el hueco del mar no bastaría, / todo el hueco del cielo, / toda la cavidad de la hermosura / no bastaría para contenerte”. Con esto, el poeta nos invita a ver el silencio como una presencia infinita que desborda los límites del mundo.

Además, el poema presenta al silencio como eterno y omnipresente. Aunque todo el mundo se hundiera o los humanos dejaran de hablar, el silencio seguiría ahí: “oh majestad, tú nunca, / tú nunca cesarías de estar en todas partes”. Con estas palabras, Rojas eleva el silencio a una categoría casi divina, destacando su independencia de cualquier circunstancia o catástrofe. Es algo que simplemente está, más allá de todo.

En los últimos versos, el poeta da un giro personal y profundo, relacionando el silencio con la figura de un Dios cercano y un padre protector: “porque estás y no estás, y casi eres mi Dios, / y casi eres mi padre cuando estoy más oscuro”. Aquí, el silencio se convierte en un refugio, un guía en los momentos de mayor oscuridad interior. Es una fuerza que, aunque no siempre se comprende, está presente para sostenernos.


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