La delgada línea que separa el mundo de los vivos y de los muertos parece disolverse en “El infierno”, un cuento breve del español Juan José Millas, incluido en el libro “Cuentos de adúlteros desorientados” (2003). El relato comienza con una escena aparentemente normal: un grupo de personas está enterrando a un amigo, Fernando. Sin embargo, la normalidad se rompe abruptamente cuando el teléfono móvil del difunto suena desde dentro del féretro, un elemento que introduce inmediatamente un aire de misterio y desconcierto en la historia. Esta situación podría interpretarse también como una crítica sutil a la omnipresencia de la tecnología en la vida moderna.
La decisión de Fernando de ser enterrado con su teléfono móvil es una peculiaridad que revela un aspecto de su personalidad y, al mismo tiempo, sirve como un desencadenante para los eventos posteriores. El hecho de que la viuda atienda la llamada y descubra una presunta infidelidad añade una capa de tensión a la narrativa, mostrando cómo los secretos y las verdades ocultas pueden salir a la luz incluso después de la muerte.
El cierre del cuento, donde el narrador llama al móvil del difunto solo para colgar inmediatamente, es una exploración innata de la curiosidad humana hacia lo desconocido. “Sólo quería comprobar que el infierno existía”, finaliza el narrador. Esta acción puede interpretarse como un deseo de confirmar la existencia de algo más allá de la vida, un “infierno” metafórico, donde los secretos y pecados siguen viviendo y resonando más allá de la muerte.
























