sábado, 28 de diciembre de 2024

Encuentros inesperados


 

El cuento “Dos viejos” de Juan José Morosoli nos habla de la amistad que surge entre dos hombres mayores, Llanes y un “viejito”, quienes se encuentran por casualidad en una oficina de pagos para jubilados. A partir de ese encuentro, el relato nos muestra cómo, pese a sus diferencias de carácter, comienzan a compartir sus vidas y a llenar vacíos emocionales que ambos llevan consigo.

La historia inicia cuando el “viejito” ayuda a Llanes a llenar un formulario. Esto marca el inicio de una relación en la que Llanes, un hombre sencillo, fuerte y directo, abre su mundo al “viejito”, quien parece más frágil y acostumbrado a una vida solitaria y rutinaria. La narración resalta las personalidades opuestas: Llanes es práctico y rústico, mientras que el “viejito” es reflexivo y ordenado. Sin embargo, la compañía del otro les brinda algo que ninguno sabía que necesitaba: un amigo.

Hay momentos de gran humanidad en la historia. Por ejemplo, el “viejito” describe su rutina solitaria, marcada por la espera y el vacío. Llanes, en cambio, no puede entender esa manera de vivir sin actuar o buscar algo diferente. Este diálogo muestra el contraste entre un hombre que sigue adelante sin preocuparse demasiado por el pasado y otro que parece atrapado en su monotonía: “Espero la hora de almorzar... Salgo y entro y salgo otra vez... Doy vuelta la manzana y vuelvo... Me siento aquí y espero. Calculo que son las doce y son las diez... Las doce demoran mucho en venir... A esto, Llanes responde con su lógica simple pero contundente: “¡Pues! Un tullido está tullido. Pero usted puede andar. Irse. Hacer algo. Usted no está atado ni enfermo, ni preso, ni yo qué sé qué es lo que le pasa!”.

Cuando Llanes invita al “viejito” a vivir con él, parece ofrecerle no solo un hogar, sino una nueva forma de entender la vida, lejos de la pasividad. En su rancho, Llanes le muestra un mundo más activo y lleno de sentido práctico. Poco a poco, el “viejito” encuentra un espacio donde puede ser útil, como cuando lee el diario en voz alta para Llanes, algo que éste valora profundamente.

La historia también explora temas como el pasado de Llanes, quien admite haber tenido hijos y haber estado preso por un homicidio. Sin embargo, Llanes no carga culpas ni resentimientos; para él, el pasado queda atrás y punto. Esto impresiona al “viejito”, quien ve en Llanes una fortaleza y una libertad emocional que él mismo no posee.

Hacia el final, el “viejito” expresa admiración por Llanes al verlo nadar en el arroyo: “¡Pero qué hombre es usted Llanes!”. Pero Llanes, incómodo con la alabanza, responde de manera humilde:
Déjese de bobadas —dijo. Y luego—: Decirme eso a mí que no sé leer!... ¡Cállese!”.



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