Jacobo Fijman, es un poeta argentino, que lamentablemente su vida estuvo marcada por periodos largos en hospitales psiquiátricos. Este contexto es crucial para comprender el siguiente poema titulado “Canto del cisne”, el primer poema del libro “Molino Rojo” publicado en el año 1926.
La utilización del título “Canto del cisne” es en sí misma una alusión a un mito que narra cómo los cisnes, normalmente silenciosos, emiten una hermosa melodía antes de morir, insinuando que la obra podría ser interpretada como una despedida poética o un último acto de belleza en medio del sufrimiento.
El poema comienza con “Demencia”, palabra que establece de inmediato el tono y el tema. Aquí, la demencia no solo es una condición mental, sino también un viaje “más alto y más desierto”, planteando un camino solitario y arduo, alejado de lo “normal” y simbolizando la lucha interna del yo poético. Esta apertura nos introduce de lleno en el mundo alterado del autor.
Por otra parte, se menciona “Oficios de las máscaras absurdas; pero tan humanas”, puede simbolizar las distintas facetas o personalidades que una persona con trastornos mentales podría sentir la necesidad de adoptar. Asimismo, Fijman emplea metáforas como: “Roncan los extravíos; tosen las muecas / y descargan sus golpes / afónicas lamentaciones. / Semblantes inflamados; / dilatación vidriosa de los ojos”, para ilustrar una atmósfera de caos y confusión, reflejando así la turbulencia interna.
A su vez, el verso “La mucha luz alaba su inocencia” podría interpretarse como un instante de claridad o revelación en medio del caos, contrastando con las imágenes más oscuras y pesadas del resto del poema. Con respecto a la descripción del entorno, como el “patio del hospicio como un banco a lo largo del muro”, transmite una sensación de desolación y soledad profunda.
Curiosamente, el verso “Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío” destapa una crisis de identidad y fe, sugiriendo una búsqueda de consuelo en tradiciones y creencias ajenas a las propias.
Para concluir, Dios aparece para provocar el canto final del cisne, llevando el poema a su clímax: “Se acerca Dios en pilchas de loquero, / y ahorca mi gañote / con sus enormes manos sarmentosas; / y mi canto se enrosca en el desierto”. El poema culmina con un clamor desesperado: “¡Piedad!”, evocando un anhelo de comprensión, compasión y alivio frente al dolor y la confusión mental que el hablante sufre. Este final resuena con la propia vida de Fijman, plagada de búsqueda de sentido y un poco de alivio para su enfermedad.

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