Gabriela Mistral nos sumerge en "Íntima" con su estilo sentimental y apasionado. Este poema, que se despliega como una especie de confesión, establece un diálogo entre una mujer enamorada y su amado. Se inicia con una negativa aparente, donde la mujer expresa su deseo de no ser físicamente acariciada: “Tú no oprimas mis manos” y “Tú no beses mi boca”.
En las estrofas iniciales, Mistral enfrenta la transitoriedad del cuerpo y la inevitabilidad de la muerte, subrayando la naturaleza efímera del amor físico. Nos confronta con un futuro donde el cuerpo, envejecido y marchito, se convierte en un recordatorio de nuestra mortalidad: “Llegará el duradero / tiempo de reposar con mucho polvo / y sombra en los entretejidos dedos”. Este escenario pone de relieve la brevedad del amor carnal, un amor sujeto al declive.
Es así que Mistral nos anima a reflexionar sobre un amor que va más allá de lo físico. Su poesía nos revela que el amor excede las fronteras de lo corporal, expresando: “Porque mi amor no es sólo esta gavilla / reacia y fatigada de mi cuerpo”. Por lo cual la voz poética sugiere: “No me toques, por tanto. Mentiría al decir que te entrego mi amor en estos brazos extendidos, / en mi boca, en mi cuello”. Describe el amor como “un viento de Dios”, una fuerza espiritual y poderosa.
La mujer, en su diálogo con el amado, explica su rechazo a la unión sexual. Esta explicación evidencia un desacuerdo por parte del hombre, incluyendo en su discurso posibles respuestas de su amado: “Y dirías: No puedo / amarla, porque ya se desgranaron / como mieses sus dedos”.
El poema, por tanto, presenta una dualidad temática fascinante: por un lado, el rechazo del placer efímero del amor humano y, por otro, la aceptación de un amor divino, eterno y profundo.

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