El poeta argentino Oliverio Girondo, logra describir la naturaleza multifacética del amor y el deseo en su poema titulado “12”, perteneciente al libro “Espantapájaros” publicado en el año 1932. Este poema se destaca por su estructura repetitiva y un ritmo casi frenético, elementos que Girondo utiliza para plasmar la gama de emociones y acciones físicas inherentes a una relación íntima.
Girondo crea en su poema un efecto similar al de un oleaje, que refleja el constante movimiento y cambio inherentes a las relaciones amorosas. Cada línea del poema comienza con “se”, estableciendo una secuencia de acciones que no solo indican una progresión, sino también una interconexión incesante: “Se miran, se presienten, se desean, / se acarician, se besan, se desnudan, / se respiran, se acuestan, se olfatean”. Esta repetición enfatiza la naturaleza cíclica del amor y el deseo.
Más allá, Girondo explora la dualidad de las experiencias amorosas. El poema se mueve ágilmente entre momentos de unión intensa: “se penetran, se chupan, se demudan”, y episodios de separación o conflicto: “se repelen, se enervan, se asesinan”. Estas frases capturan el equilibrio delicado entre el placer y el dolor, la unión y la separación, e incluso la vida y la muerte, aspectos que se entrelazan en el amor.
Por otro lado, Girondo destaca también por la fuerte presencia de lo erótico y sensual. Utiliza palabras que evocan una amplia gama de imágenes visuales, táctiles, olfativas y gustativas, generando una experiencia sensorial rica y envolvente: “se codician, se palpan, se fascinan, / se mastican, se gustan, se babean”, sumergiendo al lector en un universo donde los sentidos se fusionan con las emociones.
En este poema, Girondo no solo explora la fusión física, sino también la psicológica y espiritual entre los amantes. Frases como “se confunden, se acoplan, se disgregan” y “se derriten, se sueldan, se calcinan” señala una pérdida de individualidad en la unión amorosa, donde las líneas entre uno y otro se vuelven difusas y en ocasiones, inexistentes.
Además, Girondo no teme utilizar palabras a veces violentas, como “se estrangulan, se aprietan, se estremecen”, para expresar la intensidad tanto emocional como física del amor y del deseo. Estas imágenes intensas pueden interpretarse como una simbolización de cómo el amor puede ser tan destructivo como constructivo, una dualidad que se manifiesta en la intensidad de las relaciones humanas.
Finalmente, el poema captura la naturaleza cambiante y a menudo paradójica del deseo. Versos como “resucitan, se buscan, se refriegan, / se rehúyen, se evaden y se entregan”, ilustran cómo el deseo es contradictorio y, en última instancia, un elemento inexorable de la experiencia humana.

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