domingo, 5 de enero de 2025

Memorias de una juventud


La literatura de Osvaldo Soriano es un retrato constante de la nostalgia. En “Primeros amores”, el autor nos conduce a través de un relato que mezcla la ternura, la crudeza y la ironía para hablarnos de dos grandes ritos de iniciación: el amor y el fútbol.

Desde las primeras líneas, el cuento se construye como un ejercicio de remembranza. La voz del narrador no se limita a relatar episodios de su adolescencia; más bien, los revive con una claridad cinematográfica. Por un lado, el amor se manifiesta en los encuentros secretos en el cine y en los celos hacia el zaguero central, lo que refleja las emociones intensas y las inseguridades propias de la adolescencia. Por otro lado, el fútbol representa un espacio de gloria y superación, donde el narrador encuentra un instante de felicidad que perdura en su memoria.

Además, Soriano no idealiza su pasado; al contrario, reconoce sus errores y las torpezas de su juventud. Por ejemplo, admite haber sido celoso y machista, actitudes que en ese contexto histórico parecían normales, pero que ahora contempla con autocrítica. Este enfoque hace que el relato sea profundamente humano y cercano, porque, sin duda, todos hemos enfrentado inseguridades similares en algún momento de nuestra vida.

Por otra parte, el contexto histórico es clave para entender el relato. Soriano ambienta esta historia en los años finales del peronismo y en los albores de los cambios culturales de los sesenta. Sin embargo, el pueblo donde transcurre la acción parece congelado en el tiempo, aislado de los avances y las promesas de la modernidad. Las calles de tierra, la falta de librerías y el limitado acceso a la cultura reflejan no solo un atraso material, sino también un vacío existencial que empuja a los jóvenes a buscar sentido en pequeños momentos de libertad: un gol, una caricia, una canción.

Lo más destacado, es cómo el autor conecta estos recuerdos con su presente. A pesar del paso de los años, el narrador revive esos momentos con una intensidad asombrosa, como si sucedieran en un “eterno replay”. Son fragmentos que nos definen, que nos consuelan y que, en ocasiones, nos persiguen.


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