Cuando alguien que amamos se va, parece que una parte de nosotros mismos se desvanece junto con esa persona. En el poema “Ausencia” de Gabriela Mistral describe la gradual disolución del ser en el amor y la separación. Desde sus primeras líneas, la autora presenta la desaparición del cuerpo como un proceso paulatino, utilizando la imagen de una pérdida progresiva: “Se va de ti mi cuerpo gota a gota”. Esta metáfora sugiere que la partida no es abrupta, sino que se desvanecen lentamente, de manera imperceptible.
Mistral continúa desarrollando esta idea de disolución al referirse a otros elementos del ser, como la voz y los gestos, que también se van perdiendo: “Se va mi voz, que te hacía campana / cerrada a cuanto no somos nosotros”. Aquí, la voz del hablante, que anteriormente resonaba dentro del espacio compartido con el otro, empieza a desaparecer.
La memoria juega un papel crucial en el poema, ya que la desaparición no solo afecta el cuerpo físico, sino también el recuerdo: “Y en tu recuerdo más fiel ya me borro”. Este verso evidencia cómo el hablante siente que se desvanece en la mente del amado, borrando su presencia y quedando cada vez más difuso.
Finalmente, la repetición de la frase “¡Se nos va todo, se nos va todo!” al final del poema refuerza la idea de que la pérdida no es solo una experiencia individual, sino una condición común a todas las relaciones humanas. Este verso enfatiza que no solo el hablante experimenta la pérdida, sino que ambos se ven atrapados por la transitoriedad de la vida, un ciclo en el que todo lo que se ama y se construye está destinado a desvanecerse.
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