En la letra de la canción “Todas las hojas son del viento”, del legendario músico argentino Luis Alberto Spinetta ofrece, desde un principio, un tono de cuidado y protección hacia el nuevo ser: “Cuida bien al niño / Cuida bien su mente / Dale un Sol de enero / Dale un vientre blanco / Dale tibia leche de tu cuerpo”. En estas líneas, Spinetta subraya la importancia de un entorno amoroso para el crecimiento saludable del niño, evocando imágenes de ternura.
La metáfora recurrente de las hojas y el viento sirve como un recordatorio constante de la impermanencia de la vida: “Todas las hojas son del viento / Ya que él las mueve hasta en la muerte / Todas las hojas son del viento / Menos la luz del Sol / Menos la luz del Sol”. Spinetta nos invita a reflexionar sobre el constante flujo de cambio y transformación que caracteriza nuestra existencia. Sin embargo, en medio de esta efímera realidad, sugiere la presencia de algo eterno y constante simbolizado por la luz del Sol, que destaca como una excepción en el devenir de la vida.
A medida que la canción progresa, Spinetta dirige su atención hacia la responsabilidad de la maternidad y paternidad, y la importancia de criar a los hijos con sabiduría y amor: “Hoy que un hijo hiciste / Cambia ya tu mente / Cuídalo de drogas / Nunca lo reprimas / Dale el áurea misma de tu sexo”. Aquí, nos alerta sobre los peligros del mundo moderno y nos insta a brindar a nuestros hijos el cuidado y la orientación necesarios para su crecimiento y desarrollo.
Para concluir, “Todas las hojas son del viento”, a través de sus poéticas letras y melódica música, Spinetta nos recuerda la belleza frágil de la vida y la importancia de vivirla plenamente mientras estamos aquí: “Todas las hojas son del viento / Ya que él las mueve hasta la muerte / Todas las hojas son del viento / Menos la luz del Sol / Menos la luz del Sol”.

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