La vejez puede ser vista como una oportunidad para el crecimiento personal, pero también puede traer consigo dificultades como la pérdida de habilidades físicas, la soledad y el enfrentamiento con la propia mortalidad. En este contexto, el poema “Para envejecer juntos” de Félix Grande ofrece una reflexión poética sobre el proceso de envejecer compartido en el contexto de una relación amorosa.
Inicialmente, en el poema se habla de la unión física y emocional de la pareja mediante el gesto de cogerse las manos: “Para envejecer juntos nos cogemos las manos, / yo miro tu sonrisa, tú miras mi tristeza; / irán saliendo arrugas en mi alma y tu cabeza /y canas sobre nuestros espíritus humanos”. Aquí, se expresa la inevitabilidad de las marcas del tiempo en sus almas y cuerpos.
Asimismo, el hablante lírico plantea la imagen de una vigilia compartida en la que ambos serán testigos del paso del tiempo: “idéntica vigilia caerá en nuestras historias: / ver al tiempo ir cerrando una a una las ventanas, / me sonreirás lo mismo que todas las mañanas / y será como un ramo de flores mortuorias”. Se visualiza al tiempo cerrando las ventanas de sus historias, pero a pesar de ello, la rutina de las mañanas y las sonrisas persistirán, comparando esta continuidad con un ramo de flores mortuorias, sugiriendo la paradoja de la vida y la muerte coexistiendo.
Por otro lado, el hablante lírico también anticipa el futuro en el que su pareja se convertirá en un recuerdo para él, mientras que él será la nostalgia en la frente de su amada: “tú eres ese recuerdo que he de tener un día, / yo soy esa nostalgia que poblará tu frente / cuando ya sea un anciano, amada, anciana mía”. La relación se proyecta hacia la vejez, con el uso de términos como “anciano” y “anciana”, destacando la duración del compromiso.
El poema concluye, con la reflexión del hablante sobre el futuro: “pienso en ese futuro tranquilo y arrugado / como en dos viejos libros qua ya no lee la gente, / con tanto como habrán, en silencio, aguardado”. La metáfora de dos viejos libros que ya no leen las personas sugiere que su historia, aunque envejecida, contiene experiencias significativas. El silencio y la espera añaden un matiz de paciencia y resignación ante lo inevitable.

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