martes, 6 de febrero de 2024

El cuento “Naturaleza muerta” de Rubén Darío

A menudo, nuestras percepciones pueden engañarnos, y el cuento titulado “Naturaleza muerta” del nicaragüense Rubén Darío es un claro ejemplo de cómo las apariencias pueden ocultar la auténtica realidad.

El relato juega con esta idea de la apariencia engañosa desde el principio. La descripción detallada y sensorial, hábilmente construida por el narrador, nos seduce, haciéndonos creer que estamos ante una escena de belleza natural y vida. Las lilas y las rosas emanan frescura y vitalidad: “Las lilas recién cortadas resaltaban con su lindo color apacible, junto a los pétalos esponjados de las rosas de té”. Las frutas, por su parte, parecen tan reales que casi podemos saborearlas: “Junto al tiesto, en una copa de laca ornada con ibis de oro incrustados, incitaban a la gula manzanas frescas, medio coloradas, con la pelusilla de la fruta nueva…”

Sin embargo, la revelación final de que todo es artificial sirve como un giro inesperado que cambia completamente nuestra visión de la escena: “Acerquéme, vilo de cerca todo. Las lilas y las rosas eran de cera, las manzanas y las peras de mármol pintado y las uvas de cristal”. Aquí surge una pregunta: ¿Qué tan confiables son nuestras percepciones en un mundo donde la artificialidad puede ser tan convincente como la realidad misma?

Este contraste entre lo que parecía ser y la verdad nos invita a reflexionar sobre la capacidad del arte para imitar la vida. Además, nos incita a cuestionar la autenticidad de lo que consideramos bello y valioso en el mundo que nos rodea. ¿Cuántas veces damos por sentado lo que vemos sin indagar más allá de la superficialidad?


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