Anoche, por alguna razón, llegó a mis ojos la película argentina "El Rapto", dirigida por Daniela Goggi y escrita por la misma Goggi en colaboración con Andrea Garrote. La historia, basada en el libro "El salto de papá" de Martín Sivak, narra la vida de Julio Levy (Rodrigo de la Serna), quien, tras el exilio debido a su posición marxista, regresa junto con su esposa Silvia (Julieta Zylberberg) y sus hijos a Argentina, un país en proceso de recuperación de su democracia pero aún marcado por los vestigios de la dictadura.
Es así que se reencuentra con su padre (Jorge Marrale), que es un prestigioso banquero, y su hermano mayor Miguel(Germán Palacios). La idea de su regreso, es que Julio pueda ocupar un puesto en la empresa familiar.
El ambiente festivo del reencuentro familiar se desvanece por completo con el secuestro de su hermano Miguel. Esto obliga a Julio a liderar las negociaciones con los secuestradores, incluso con la élite política de la época, y asumir la responsabilidad de la empresa familiar a pesar de no tener ningún don para los negocios.
Después de no obtener noticias de su hermano a pesar de entregar una considerable suma de dinero a los secuestradores y con la empresa familiar sumida cada vez más en la quiebra, encontramos a un Julio desesperado, sin saber en qué confiar, y envuelto constantemente (y hasta la saciedad) en una nube de humo de cigarrillo. Descubre que en su país hay fuerzas oscuras de la vieja dictadura (denominadas "la mano de obra desocupada" o "los grupos de tareas") que no quieren dejar el poder, y que se dedican a nuevas tareas criminales como el secuestro.
La interpretación magistral de Rodrigo de la Serna, contribuyen a la intensidad emocional de la película. Los momentos de angustia, ansiedad e impotencia, así como las decisiones difíciles que enfrenta el protagonista, se entrelazan de manera impactante, llevando al espectador a reflexionar sobre lo desafiante que es luchar por la justicia en un país con una democracia débil.
Goggi teje una narrativa tan cercana al contexto de todos los países latinoamericanos que han padecido gobiernos opresores. Su habilidad para abordar temas sociales y políticos hace de esta obra una experiencia cinematográfica que va más allá del mero entretenimiento.
La película termina con un Julio agobiado que decide tirar su valentía a un lado para caminar hacia la autodestrucción.

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